Alejandra Gómez Macías comienza su jornada a las tres de la madrugada para llegar a tiempo a su turno de las 4:30 como conductora de un convoy de la Línea 1 del Metro de la Ciudad de México, que recorre el trayecto entre Pantitlán y Observatorio.
Contadora pública de profesión y madre de dos hijas, Gómez llegó al Sistema de Transporte Colectivo para realizar su servicio social. Lo que empezó como una estancia temporal se convirtió en una trayectoria de 24 años al frente de los trenes que movilizan diariamente a miles de personas.
Antes de iniciar cada recorrido, revisa las puertas, el sistema de frenado y la tracción del tren. Una vez que confirma que todo funciona correctamente, comienza los viajes entre las terminales y completa entre tres y cuatro vueltas durante su turno, que concluye al mediodía.
Desde la cabina, observa cómo los vagones se llenan estación tras estación con pasajeros que apenas comienzan su día. Algunos usuarios ya le resultan familiares por coincidir con ella de manera habitual en los mismos horarios.
Su labor forma parte del trabajo de cientos de mujeres que participan en la operación del Metro. De acuerdo con información institucional del sistema, las trabajadoras desempeñan funciones como conducción de trenes, supervisión de líneas, regulación del tráfico y atención en estaciones.
Gómez Macías representa una historia de permanencia y especialización dentro de una red de transporte que opera durante las 24 horas. Cada madrugada, su rutina vuelve a poner en marcha uno de los servicios esenciales para la movilidad de la capital.

